El modernismo

EL ESPÍRITU MODERNISTA
EL CONCEPTO de el modernismo es ampliamente discutido. Mientras para algunos se trata de una corriente literaria caracterizada por el esteticismo y el escapismo, para otros no es sólo una manera de escribir sino una actitud ante las circunstancias políticas y sociales. El vertiginoso progreso científico y técnico de fin de siglo, la expansión económica favorecedora de las clases altas, el incremento de las desigualdades sociales, la organización del proletariado, el falso parlamentarismo del gobierno español, la contienda por el dominio de Cuba y las Filipinas, la situación de sometimiento de América latina y un largo etcétera fueron los detonantes de la disconformidad de los escritores modernistas, en su mayoría miembros de la burguesía, con el espíritu materialista e utilitarista de su propia clase social.

Gestos tan distintivos del fin de siglo como la rebeldía política, la evasión hacia un mundo de belleza y exotismo, la bohemia, el dandismo, las actitudes asociales o amorales no eran más que un ataque indirecto a la sociedad soterrado bajo esteticismos y posturas iconoclastas.

El arte de la epoca en el modernismo

El modernismoFue absolutamente sincrético. En Hispanoamérica se produjo un rechazo de la tradición literaria española y los escritores dirigieron sus miras hacia Europa, principalmente a Francia, donde desde finales del s. XIX habían ido surgiendo una serie de escuelas literarias y pictóricas. El modernismo español tomó su impulso tanto de los escritores hispanoamericanos en especial del nicaragüense Rubén Darío (1867-1916) como de la vecina Francia.

En la amalgama se advierten rasgos del prerrafaelismo de Dante Gabriel Rossetti y sus temas religiosos, paisajísticos y medievalizantes; del parnasianismo, capitaneado por Leconte de Lisie y Théophile Gautier, autor este último de la famosa divisa «el arte por el arte», sin cuya influencia no habrían surgido las Prosas profanas (1896) de Darío, exponentes del peculiar gusto por la exquisitez formal, la sensualidad y el retorno al mundo grecolatino; del simbolismo encarnado en los «poetas malditos» como Baudelaire, Verlaine, Rimbaud o Mallarmé, quienes crearon una poesía hermética a través del uso de símbolos, así como de un lenguaje cercano a la música, a cuya influencia no son ajenos ni las Prosas profanas ni los Cantos de vida y esperanza (1905) de Darío.

Del decadentismo de D'Annunzio y su incitación a gozar del placer de los sentidos; y del impresionismo pictórico de los Manet, Monet, Renoir o Gauguin, el cual tiene su correlato literario en el gusto por la imagen inacabada para que el lector tenga que recomponer el conjunto. Todo ello sin olvidar la impronta de los norteamericanos Walt Whitman y Edgar Alian Poe, o del británico Osear Wilde.