Romanticismo literario

MÁS QUE UN MOVIMIENTO literario, el romanticismo literario es un estado de la sensibilidad europea que se manifiesta a finales del s. XVII y principios del s. XIX. Tiene su origen en Gran Bretaña y Alemania, de donde irradiará hacia Europa y los países latinoamericanos. Nació como un movimiento propiamente revolucionario, el cual tomaba su impulso de las ideas políticas y filosóficas surgidas en el siglo de las luces: la libre expresión de la sensibilidad y la afirmación de los derechos del individuo. Si los primeros románticos celebraron el triunfo de la Revolución francesa, las generaciones posteriores lucharán contra la traición llevada a cabo por la propia burguesía de los ideales de libertad, igualdad y fraternidad.

LA CARACTERÍSTICA fundamental de la estética romántica es su oposición al clasicismo. La pasión por la libertad del hombre de la época se extiende a la creación artística, la cual no puede someterse a cánones ni a reglas. Así se barren las fronteras entre géneros, se mezcla prosa y verso, tragedia con comedia. Las fuentes de inspiración son ahora la edad media, el barroco, Dante, Ossian, el teatro de Shakespeare...

Otro de los pilares del movimiento es el culto a la imaginación, la sustitución de la razón por la emoción y el sentimiento. El descubrimiento de la subjetividad trae consigo el florecimiento de la poesía y los géneros autobiográficos como las memorias, desde donde se explora el «yo» y las diversas facetas de la personalidad humana, con sus conflictos interiores, su melancolía y sus pasiones. El descontento con el presente conduce a la búsqueda de la evasión en el ensueño, el exotismo de oriente, la edad media, y en lo misterioso y lo fantástico.

En Gran Bretaña, la poesía de W. Words-worth (1770-1850) y Coleridge (1772-1834), R. Southey (1774-1843), Byron (1788-1824), P. B. Shelley (1792-1822) y Keats (1795-1821) se abre a la imaginación, a la par que W. Scout (1771-1832) se orienta de forma determinante hacia la novela histórica.

El romanticismo literario

Romanticismo literarioEn cuanto a Mary Godwin (1759-1797), esposa de Shelley, sus escritos llevan a cabo una doble reivindicación, la de los derechos del ser humano, exaltando la Revolución francesa, y los de la mujer, además de dar un nuevo giro a la novela negra y filosófica con Frankenstein o el moderno Prometeo (1818).

Heredero del Sturm und Drang, movimiento definido por su defensa del sentimiento y de la naturaleza contra la razón y lo inauténtico, el romanticismo alemán se consolidó con nombres como Goethe (1749-1832), Hólder-lin (1770-1843) y Novalis (1772-1801). El retorno a las fuentes nacionales y lo fantástico son los dos temas explotados por Hoffmann (1776-1822), Brentano (1778-1842), A. von Arnim (1781-1831) y Chamiso (1781-1838).

En Francia, el romanticismo literario ue cobrando forma en torno a las tertulias organizadas por Mme. de Stael. Uno de sus personajes más representativos sería V. Hugo (1808-1885), quien definió la función del poeta y atribuyó una misión nacional y social a la literatura. En teatro, su Hernani (1830) marcó la victoria de los románticos sobre los clásicos, con el abandono de las tres unidades, la fusión de géneros y la introducción de temas modernos.
Italia es en época romántica el país de la exaltación nacional en contra de la ocupación austríaca ejemplificada en figuras como A. Manzoni (1785-1813) y S. Pellico (1789-1854).

Algo siempre ocurrió en España. Cuando ni tan siquiera existía una estética romántica en la Península, el resto de Europa consideraba al país como la perfecta encarnación de actitudes propias del romanticismo: la resistencia frente al poder francés, el liberalismo de las cortes de Cádiz, la lucha contra el absolutismo.

La literatura española se tomaba como modelo: los dramas calderonianos, el Romancero, el Quijote. Sin embargo, hasta 1835 aproximadamente no se puede hablar de apogeo del movimiento en España. De los tres poetas más relevantes José de Espronceda (1808-1842), Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) y Rosalía de Castro (1837-1885), los dos últimos son considerados románticos rezagados o posrománticos.

En cuanto a la prosa, al margen de la novela histórica desarrollada por Enrique Gil y Carrasco (1815-1846) o el costumbrismo de Estébanez Calderón (1799-1867) y Mesonero Romanos (1803-1882), la joya más preciada de la época serían los artículos periodísticos costumbristas, políticos, literarios y autobiográficos del joven Mariano José de Larra (1809-1837). Sin embargo, el verdadero triunfo del romanticismo se da en la escena. El teatro romántico heredero directo de los dramas barrocos alcanzará grandes éxitos con obras como Don Alvaro o la fuerza del sino (1835) del duque de Rivas, El trovador (1836) de García Gutiérrez, Los amantes de Teruel (1837) de Hartzenbusch y el Donjuán Tenorio (1844) de Zorrilla.

También el romanticismo llegó a América del Sur, a través de la influencia española y francesa, y cuando ya en Europa el realismo, incluso el modernismo, era la estética incipiente. Novela histórica Vicente Fidel López (1815-1903), Acevedo Díaz (1851-1921), Ricardo Palma (1833-1919), novelas sentimentales de protagonista femenina Bartolomé Mitre (1821-1906), Jorge Isaacs (1837-1895), Cirilo Villaverde (1812-1894) y poesía de exaltación nacional o sentimental Juan Zorrilla de San Martín (1855-1931), Gregorio Gutiérrez González (1826-1872) serían los tres géneros más cultivados.